sábado, 28 de mayo de 2011

¡DESPROGRÁMATE! ¡SÉ TÚ MISMO!


¡DESPROGRÁMATE!
¡SÉ TÚ MISMO!


Lo importante es ser capaz de darte cuenta de que no eres más que un yoyo, siempre de arriba para abajo,
según tus problemas, tus disgustos o depresiones; que eres incapaz de mantener una estabilidad.

Darte cuenta
de que te pasas la vida a merced de personas, de cosas o situaciones. Que te manipulan o tú puedes
manipular. Que no eres dueño de ti ni capaz de mirar las situaciones con sosiego, sin enfados ni ansiedad.

Toda esa actitud sólo depende de tu programación. Estamos programados desde niños por las conveniencias
sociales, por una mal llamada educación y por lo cultural. Vivimos por ello programados y damos la respuesta
esperada ante situaciones determinadas, sin pararnos a pensar qué hay de cierto en la situación, y si es
consecuente con lo que de verdad somos esa respuesta habitual y mecánica.

Tenemos programadas ideas convencionales y culturales, que tomamos como verdades cuando no lo son.

Como la idea de patria, de fronteras y hábitos culturales que nos llevan a conflictos cuando nada tienen que ver
con la verdad.

Lo que haces como hábito, te hace dependiente porque te lo han programado. Sólo lo que surge de dentro es
tuyo y te hace libre.


¡Desprográmate!

Cuando venía hacia aquí, en el avión, me dijeron:

-Mira, ya salimos de la India, ahí está la frontera.

Yo me asomé y por más que miraba no vi ni una línea, ni una barrera natural de separación. ¿Es que existen
las fronteras en la naturaleza? No están más que en nuestra mente. Toda tierra es de todos, y toda cultura no
es más que ideas que nos separan.

Hubo un niño blanco que se perdió en la selva y se crió en una tribu con cultura distinta. Cuando creció se casó
con una nativa de aquella cultura. Ocurrió que a una amiga de su mujer se le murió su marido en la guerra, y
aquella noche, al pensar en su amiga sola, la mujer nativa le dijo al marido blanco:

-Oye, me gustaría que fueses a consolar a mi amiga, que está sola, y como ya no tiene marido te acostases
con ella.

El marido, que recordaba aún rasgos de su cultura, se negaba, horrorizado, pero al final complació a su mujer.

Cuando volvió, la mujer le dijo:

-Ya sabía que eras un buen hombre y ahora te quiero más, porque eres compasivo y me siento orgullosa de ti.
¡Qué bella su cultura, pero qué difícil de entender y seguir para nosotros! No existe separación de razas, sólo
distintas culturas programadas en nuestras mentes. En la naturaleza no existen fronteras. El honor, el éxito y el
fracaso no existen, como tampoco la belleza ni la fealdad, porque todo consiste en una manera de ver de cada
cultura. Es lo cultural lo que provoca esas emociones ante el nombre de patria, raza, idioma o pueblo. Son
distintas formas de ver que están programadas en nuestra mente. La patria es el producto de la política, y la
cultura es la manera de adoctrinar.

Cuando eres un producto de tu cultura, sin cuestionarte nada, te conviertes en un robot. Tu cultura, tu religiosidad
y las diferencias raciales, nacionales o regionales te han sido estampadas como un sello y las tomas
como algo real. Te enseñaron una religiosidad y una forma de comportarte que no has elegido, sino que te
vinieron impuestas desde fuera, antes de que tuvieses edad o discernimiento para decidir, y sigues así, con
ellas colgadas, como una piedra al cuello.

Sólo lo que nace y se decide adentro es auténtico y te hace libre. Lo que haces como hábito y que no puedes
dejar de hacer porque te domina, te hace dependiente, esclavo de lo que crees, porque te lo han programado.

Sólo lo que surge de dentro lo analizas, lo pasas por tu criterio y te decides a ponerlo en práctica asumiéndolo;
es tuyo y te hace libre.

Tienes que liberarte de tu historia y su programación para responder por ti mismo y no de personaje a
personaje.

Lo mismo ocurre con lo que creemos amor y que no es más que un modelo cultural aceptado por la mente. No
se puede vivir influenciado por el pasado. Lo menos que se puede hacer por el amor es ser sincero, tener
claridad de percepción y llamar a cada cosa por su nombre. Ser capaz de dar la respuesta precisa sin engañar
ni engañarte. Porque te amo te doy la respuesta, desde mi realidad, que te corresponde a ti y a tu realidad, en
este momento. Más tarde no sé lo que puede ocurrir, y por ello no te hago promesas que no sé si podría
cumplir.

Esto es lo menos que puedes exigirle al amor: sinceridad. La espiritualidad consiste en ver las cosas, no a
través de cristales de color, sino tal como son. La espiritualidad ha de nacer de ti mismo; y cuanto más seas tú
mismo, serás más espiritual.

Lo cierto es que el dolor existe porque rechazamos que lo único sustancial es el amor, la felicidad, el gozo.


No seas fotocopia

No imites a nadie, ni siquiera a Jesús. Jesús no era copia de nadie. Para ser como Jesús, has de ser tú mismo,
sin copiar a nadie, pues todo lo auténtico es lo real, como real era Jesús.

La culpabilidad y la crítica no existen más que en la mente de la cultura. Las personas que menos se preocupan
de la vida de ahora, de vivir el presente, son las que más se preocupan por lo venidero.

Preocúpate por
estar despierto, vive ahora y no te importará el futuro. Cuando tu mentalidad cambia, todo cambia para ti, a tu
alrededor. Lo que antes te preocupaba tanto, ahora te importa un bledo y, en cambio, vas descubriendo cosas
maravillosas que antes te pasaban inadvertidas.

Lo que más les preocupa a las personas programadas es tener razón. Tienen miedo a perder sus ideas, en las
que se apoyan, porque les dan pavor el riesgo, el cambio, la novedad, y se agarran a sus viejas ideas porque
están fosilizadas.

Nuestra vida se convierte en un lío porque tomamos por realidad lo que no son más que programaciones que
no nos sirven de nada y nos agarramos a ellas porque no sabemos descubrir otra cosa. En el fondo, tenemos
una enorme inseguridad y, para sentirnos mejor, vamos a consultar a los que creemos que saben más que
nosotros, creyendo que ellos nos van a solucionar los problemas. Pero los problemas, que sólo existen en
nuestra imaginación, sólo despertando los solucionaremos.

Fácil y difícil

Se cuenta que había un gran maestro llamado Buso, que vivía con su esposa y una hija, todos con fama de sabiduría
y santidad. Un día se acercó un hombre al maestro y le preguntó:

-La iluminación, ¿es fácil o difícil?

Y Buso le contestó:

-Es tan difícil como alcanzar la Luna.

No conforme, el hombre se acercó a la mujer de Buso y le hizo la misma pregunta, a lo que ella le contestó:

-Es muy fácil. Es tan fácil como beberse un vaso de agua.

Intrigado se quedó el hombre y, para salir de dudas, le hizo la misma pregunta a la hija del maestro, que le
contestó:

-¡Hombre!, si lo haces difícil es difícil, pero si lo haces fácil...

Lo más difícil es la capacidad de ver, ver simplemente, con sinceridad, sin engañarse, porque ver significa
cambio, nada a qué agarrarse, y estamos acostumbrados a buscarnos asideros y a andar con muletas. En
cuanto llegas a ver con claridad, tienes que volar; y volar es no tener nada de qué agarrarte.

Necesitamos
desmontar la tienda en la que nos refugiábamos y seguir por el sendero adelante sin apoyos.
El susto mayor es por la aniquilación de todo miedo, puesto que los miedos han sido el manto en el que te
envolvías para no ver ni ser visto. Dejar las cosas atrás y enfrentarte a la felicidad, cuando no quieres ser feliz a
ese precio. Una felicidad que has de expresar tú y no esperar a que te la den hecha. Aunque vas diciendo que
buscas la felicidad, lo cierto es que no quieres ser feliz. Prefieres volver al nido antes que volar porque tienes
miedo, y el miedo es algo conocido y la felicidad no.

En mi profesión de psicólogo advierto cada día esto. Lo primero que tiene que entender el buen psicólogo es
que el que viene a él no busca la curación, sino el alivio, la comodidad, pero no quiere cambiar; es demasiado
expuesto y comprometido.

Es como aquel que está metido en la porquería hasta la boca y que lo único que le preocupa es que no le
hagan olas, no que lo saquen de allí. Lo malo es que la mayoría equipara la felicidad con conseguir el objeto de
su apego, y no quiere saber que la felicidad está precisamente en la ausencia de los apegos, y en no estar sometido
al poder de ninguna persona o cosa.

En la naturaleza no existen fronteras. No están más que en nuestra mente. Toda tierra es de todos, y toda
cultura no es más que ideas que nos separan.

Conocerse a fondo

Para despertarse, el único camino es la observación. El ir observándose. El ir observándose uno a sí mismo,
sus reacciones, sus hábitos y la razón de por qué responde así. Observarse sin críticas, sin justificaciones ni
sentido de culpabilidad ni miedo a descubrir la verdad. Es conocerse a fondo.

El indagar e investigar quién es Jesucristo es muy loable, pero ¿para qué sirve? ¿Te puede servir para algo si
no te conoces a ti mismo? ¿Te sirve para algo si estás controlado y manipulado sin saberlo?

La pregunta más importante del mundo, base de todo acto maduro, es: ¿Yo, quién soy? Porque, sin conocerte,
no puedes conocer ni a Dios. Conocerte a ti mismo es fundamental. Sin embargo, lo curioso del caso es que no
hay respuesta para la pregunta ¿quién soy yo?, porque lo que tienes que averiguar es lo que no eres, para
llegar al ser que ya eres.

Hay un proverbio chino que dice: "Cuando el ojo no está bloqueado, el resultado es la visión.

Cuando la mente
no está bloqueada, el resultado es la sabiduría, y cuando el espíritu no está bloqueado, el resultado es el
amor."

Hay que quitar las vendas para ver. Si no ves, no puedes descubrir los impedimentos que no te están dejando
ver.

El observarte a ti mismo es estar atento a todo lo que acontece dentro y alrededor de ti, como si esto le ocurriese
a otra persona, sin personalizarlo, sin juicio ni justificaciones ni esfuerzos por cambiar lo que está
sucediendo, ni formular ninguna crítica ni autocompadecerte. Los esfuerzos que hagas por cambiar son peores,
pues luchas contra unas ideas, y lo que hay que hacer es comprenderlas, para que ellas se caigan por sí solas
una vez que comprendas su falta de realidad. Hay que cuestionar todo esto para ver si se comprende como
una verdad y entonces te pondrás a observarte.

La vida observada

A veces te sientes mal, hecho un lío, no sabes funcionar solo y te vas al psicólogo a que te arregle.

El
psicólogo no puede hacer nada que tú no hagas. No puede conseguir nada que tú no estés dispuesto a hacer.

Puede escucharte y ayudar a que tú mismo vayas aclarándote mientras hablas. En verdad, lo que haces allí es
observarte, y eso es lo que has de hacer tú, pero de continuo. Yo soy psicólogo y puedo decirte que la terapia,
la mayoría de las veces, lo que hace es un intercambio de problemas: te quita uno, pero te mete otro.

La espiritualidad es la que intenta solucionarte. Busca solucionar el problema del yo, que es el que está generando
los problemas que te llevan al psicólogo y al psiquiatra. La espiritualidad va directamente a la raíz, a rescatar
tu yo, el auténtico, que está ahogado por barreras que no lo dejan ser libremente.

El hacer esfuerzos por cambiar es contraproducente, pues lo que te va a cambiar es la verdad: observar la verdad
y comprender que tu programación no te deja ser tú mismo. El observador es lo que te va a cambiar. "La
vida no observada, no examinada, no vale la pena vivirla, porque no es vida", decía Sócrates.

Es preciso darse cuenta de todas las reacciones que surgen al mirar a una persona, un paisaje o a uno mismo.

Observa cómo sueles reaccionar frente a determinadas situaciones. Mirar con objetividad, como si no fueras tú,
tomando conciencia de lo que pasa dentro y fuera de ti, estando atento (como cuando conduces).

Hacerlo sin
juicios valorativos, porque si te pones etiquetas, ya no ves las cosas como son. Caer en la cuenta, sin
prejuicios, sólo entendiéndolo.

Si no cambiamos espontáneamente es porque ponemos resistencia. En cuanto descubramos los motivos de la
resistencia, sin reprimirla ni rechazarla, ella misma se disolverá. Cuando en nosotros hay sensibilidad, no se
necesita violencia alguna para conseguir las cosas que necesitamos, pues todo se resuelve entendiendo,
comprendiendo; y nos sorprendemos al ver cómo todo se resuelve según comprendemos la realidad y no
luchemos contra ella.

Tenemos que darnos cuenta de que, con la palabra, o con el pensamiento, solemos etiquetar las cosas y las
personas, y luego, como consecuencia de ello, vivimos el personaje de la etiqueta, y no la persona.

Ponerse en
contacto con la realidad es mirar ésta sin querer interpretarla, ni cambiar nada, sino dejar que la realidad
cambie el orden de las cosas luciendo por sí misma.

Para ser como Jesús, has de ser tú mismo, sin copiar a nadie, pues todo lo auténtico es lo real, como real era
Jesús.

Métodos para ser feliz

Darte cuenta del dolor, de la aflicción o del desasosiego que sufres y cuál es el motivo; de dónde sale, en
verdad,
ese sufrimiento. Si te sientes molesto, darte cuenta en seguida de ello, y de dónde nace este malestar. (Si
dices que estás molesto porque alguien se ha portado mal contigo, no se puede entender que tú te castigues
porque otro se comporta mal. Tiene que haber otro motivo más personal y escondido.
Obsérvalo.)

Darte cuenta de que el sufrimiento o las molestias se deben a tu reacción ante un hecho o una situación
concreta y no a la realidad de lo que está ocurriendo. (Si vas a ir al campo y llueve, el enfado no está en la
lluvia -que es la realidad-, sino en tu reacción porque se han contrariado tus planes.)

Solemos echar la culpa a la realidad y no queremos darnos cuenta de que son nuestras reacciones
programadas las que nos contrarían. Tenemos unos hábitos inculcados, que funcionan como una maquinita
automática: a tal pregunta, tal respuesta; a tal contrariedad, tal reacción. Y funcionamos como autómatas. La
cultura nos inculca unas leyes rígidas, cuya única razón es que así se ha hecho siempre. Y con esta razón tan
endeble somos capaces de matarnos por defender: honor, patria, bandera, raza, familia, buenas costumbres,
orden, ideales, buena fama y muchas más palabras que no encierran más que ideas sin sentido real, que nos
han inculcado como cultura. Y lo mismo ocurre con las ideas religiosas.

Lo importante es el ser, y no el figurar. La verdad es que estamos tan metidos en esa programación que actuar
con claridad de percepción, desde esa cultura, casi parece un milagro, y más si pretendemos reaccionar sin
disgusto. Hay que despertarse antes para comprender que lo que te hace sufrir no es la vida, sino tus
alucinaciones, y cuando consigues despertar y apartas los sueños, te encuentras cara a cara con tu libertad y
con la verdad gozosa.

Lo cierto es que el dolor existe porque rechazamos que lo único sustancial es el amor, la felicidad, el gozo.

Cuando somos capaces de encontrar el camino despejado, para ese amor-felicidad que somos, nos topamos
con el dolor, que no es nada concreto ni sustancial por sí mismo, sino la ausencia de la percepción del amorfelicidad.

Como la oscuridad, que no existe, sino que es consecuencia de la menor percepción de la luz.

La vida es, en sí, un puro gozo y tú eres amor-felicidad como sustancia y potencial para desarrollar. Sólo los
obstáculos de la mente te impiden disfrutarla plenamente. Son las resistencias que pone tu programación lo
que te impide ser feliz. De no tropezar con tu resistencia, ¿dónde estaría el dolor? Habría una armonía en ti,
igual a la que existe en la naturaleza. Más aun, pues tú eres rey de esa naturaleza y dotado de una sensibilidad
para captar la bondad, la felicidad y la belleza, que te hace creativo y capaz ya, no sólo de ser feliz, sino de dar
amor-felicidad a manos llenas.

Con sólo observar todo esto ya estás dando un paso para tu despertar. Todo depende de tu reacción, y ésta
depende de tu programación; y si eres capaz de observar esto y comprenderlo, ya tendrás bastante.

Lo más difícil es la capacidad de ver, ver simplemente, con sinceridad, sin engañarse, porque ver significa
cambio.

* * *
de AUTOLIBERACIÓN INTERIOR
ANTHONY DE MELLO

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